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viernes, 11 de noviembre de 2011

No he aprendido mas que el viento.

He aprendido que las malas compañías son las mejores y que la amargura puede ser el fruto dulce de los pensamientos desencajados. Aprendí que besar es un arte, que el amor es un juego y que la única forma de morir es morir amando. Aprendí también que nunca se esta tan lejos de casa como para no volver, que la pasión busca pasión y que las palabras honestas forman vínculos sinceros. Aprendí, a la mala, que no soy tanto ni tan poco, que somos protagonistas y espectadores, que si no pones las manos sobre el fuego nunca sabrás lo que es quemarte. No he aprendido mas que el viento pero se de cierto que de un suspiro de su boca me vuelve el aliento.

jueves, 28 de julio de 2011

Te los voy contando...

La promesa de tu boca que aun no llega suma besos uno a uno, se multiplican por mis ganas de tenerlos en la mia.
 
El tiempo se resta cuando tus labios rompen la distancia con mis dientes que ansiosos muerden esa parte inquieta que bendice y maldice al mismo tiempo, que sonríe mientras reta a  que le domines.
 
La ecusasion se complejisa mas cuando el exponente no es tu cuerpo ni es el mio, sino que la base son las ganas elevadas a la potencia del deseo de los dos.
 
Te los voy contando...

domingo, 23 de enero de 2011

Dialogo de a amor a media tarde. Burlas de un destino. Necesidad honesta.

-Tu no me conoces.
 Pero te amo.

El silencio

Los que buscan encuentran
los que quieren temen,
el deseo mueve
la palabra actua...
Quieres saber un secreto?
acerca tu odio a mi boca: de mi no escucharas nada
y tu boca pronuncia todo...

Acto 1

Como negar que en medio de esa obscenidad orgullosa de piel desnuda, entregada al desconsuelo de morir viviendo, encontré la fórmula para morir matando. Como negar que esos ojos fulgurantes de nostalgia, de mirada transparente como espejo de plata; me mostraron la cuerda del tic tac de un corazón marchito, compartido entre aromas de tabaco quemado, vino barato y piel frotada. Creí que te encontré (vaya que creí haberte encontrado) sin saber que la búsqueda no inicia apenas uno se da cuenta, sin saber que en ocasiones el buscado es uno, como los niños que buscan monstruos debajo de la cama, como las niñas que buscan padres en los sueños, como yo que corría de mi. No sabía que la búsqueda no inició, y llegaste, como golpe de suerte, y que es la suerte sino la cualidad de ignorar que le están dando a uno la limosna que está pidiendo. Me encontraste, porque el mar y el bosque se buscan, para darme lo que te falta mientras yo quería tenerlo todo. Ahora, con hipocresía mal disimulada, pretendo decirte que no tengo por qué extrañarte.


   Dijiste un día (lo recuerdas?) que una palabra era suficiente para romper el amor; tomo el cuchillo, arma sensual de filo y acero. No es que realmente disfrute esto, pero algo en ti no me permite parar. Ignorando promesas, como ignoramos una parte de nosotros al momento de prometer. Porque no trucas este llanto y esos gritos por tu risa, luminosa, perfecta como las variaciones de Goldberg que suenan claras, limpias y excitantes, igual que el costado del cuchillo cuando se abre paso por la piel. Porque no hacemos de este instante un instante de amor? 


    
    Dijiste que la evidencia era quien te guiaba, ahora no conozco más evidencia que las manos manchadas que mi lengua insiste en enjuagar. Ahora entiendo el estado del arte, brota a través del rojo que te pinta. 

    
   No es que disfrute de esto, no es que no quiera ya tu piel, suave, imitación de terciopelo, entregada al frotamiento de mi piel, imitación del desconsuelo. En cada momento me parece sentir que algo en ti no va morir del todo y es por eso que no logro detenerme. Hay caminos en los que no puedes volver y cuando se trata de apuñalar, tienes que hacerlo hasta que la sinfonía de la carne embrocada entre jugos de sangre, lágrimas y semen recalentado pide llegar al final. No es que verte llorar no me conmueva, no es que no vaya extrañarte, no es que el amor me sea ajeno. Algo en tus ojos siempre fue claro y suplicante, siempre me dijo: Mátame.